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  • Durante años, Las Tablas de Daimiel han sufrido las consecuencias de la sobreexplotación del agua subterránea.
  • En su historia se mezclan la búsqueda de desarrollo económico, la lucha contra enfermedades como el paludismo y la necesidad de proteger el ecosistema.
  • Ahora, la situación ha mejorado, pero sigue quedando mucho camino por recorrer para lograr el equilibrio entre los intereses del Ser Humano y la protección de la Naturaleza.
David Sánchez Romero de Ávila | @David_SanRoA

La “daimielización” es una palabra usada en la prensa y en determinados artículos científicos para resumir, en un solo concepto, toda una cultura de uso del agua. Éste término hace alusión a la gestión de las aguas subterráneas en la cuenca alta del Guadiana, una gestión que llevó a la sobreexplotación del acuífero 23 en 1987. Esa mentalidad del uso del agua provocó la desecación de lagunas y humedales en toda España, condicionando la existencia de ecosistemas como Las Tablas de Daimiel, Doñana, la Laguna de Antela o la Albufera de Valencia, entre otros.

Sin embargo, la vigencia del término “daimielización”podría estar llegando a su fin. Los investigadores del Centro Superior de Investigaciones Científicas David Rodríguez y Javier Martínez Vega publicaron en la revista Applied Geography un estudio que evalúa las “tendencias sobre sostenibilidad ambiental en 12 de los 15 espacios de la Red de Parques Nacionales de España”. La nota de prensa emitida por el CSIC explica que, en ese estudio, se constata “como ejemplo de buena gestión por parte de la administración” el trabajo realizado en las Tablas de Daimiel.

Si esa “buena gestión” se confirmara, sería una señal de que está cambiando la tendencia que ha imperado durante años, en la que se utilizaba el agua como mero recurso económico. No obstante, el daño sobre el ecosistema del que depende el acuífero 23 es difícil de reparar, ya que, como consecuencia de esa sobreexplotación, cambió del flujo natural del agua, como han datado diversos investigadores.

De “rebosadero” a “sumidero”

Un acuífero es una acumulación de agua en localizaciones concretas del subsuelo. Cuando el agua cae a la superficie de la tierra, se va filtrando, poco a poco, descendiendo hasta que llega a zonas con rocas impermeables. En ese momento, comienza a acumularse. Cuanto más crece el volumen de agua, menor es el nivel freático, es decir, la distancia a la que se encuentra de la superficie. Cuando el nivel freático es cero, el agua emana por lugares específicos, dando lugar así a humedales como las Tablas de Daimiel y ríos como el Guadiana. Literalmente, este río nace del suelo, a través de sus famosos “ojos del Guadiana”

El principal cambio que sufrió el ecosistema de las Tablas de Daimiel es la transformación del acuífero 23. Las Tablas pasaron de ser el “rebosadero” del acuífero a un “sumidero”. El nivel freático llegó a ser tan bajo en determinados momentos que, en lugar de desbordar el agua que contienía, la absorbía. Es un vaso vacío que se rellena con el agua disponible, alejándola de la superficie. Si a la sobreexplotación del agua subterránea se le une un periodo de sequía, las reservas hídricas merman en pocos meses.

Y, ¿cómo se sobreexplota un acuífero? Este proceso ha sido documentado por la ciencia en muchas ocasiones. Los investigadores José Manuel Naredo y Jose María Gascó Montes describieron esta transformación en su estudio de 1990, publicado en el número 26 de la revista Estudios Regionales, y hablaron de la “daimielización” de ecosistemas como Doñana, Parque Nacional y patrimonio de la humanidad, en los que también se reproducen las mismas prácticas que se han estudiado en La Mancha.

Esa misma tesis la apoyó Silvino Castaño, investigador del Instituto Geológico y Minero de España, que explicó, en su artículo “Las Tablas de Daimiel: Un humedal interior dependiente de las aguas subterráneas”, cómo el Parque Nacional, y zona ZEPA desde 1979, se “alimenta principalmente de aguas subterráneas”, hecho que explica que el río Guadiana nazca “en los manantiales procedentes del acuífero de La Mancha occidental”, denominados “ojos del Guadiana”.

La siguiente visualización, incluida en el artículo de Silvino Castaño, muestra ese cambio en la dirección del agua subterránea en el acuífero 23:

Captura modificación del sistema subterráneo acuífero 23 Silvino Castaño

Captura modificación del sistema subterráneo acuífero 23 Silvino Castaño

El siguiente gráfico, también extraído del “paper” de Silvino Castaño, visualiza los periodos secos y húmedos del acuífero 23 con las diferentes épocas en la relación “hombre-humedal”:

Captura de pantalla del artículo de Silvino Castaño

Captura de pantalla del artículo de Silvino Castaño

Siguiendo las explicaciones de Castaño, “las estimaciones de los bombeos del acuífero de La Mancha occidental en el periodo comprendido entre 1974 y 1994 oscilan entre los 152 hm3 en 1974 a un máximo de 600 hm3 en 1987 y 1988”. No obstante, añade que “con posterioridad a ese año, las extracciones han disminuido considerablemente”. Por otro lado, también alerta de que “la información sobre explotación de agua subterránea en el acuífero de La Mancha occidental es contradictoria”.

Así lo visualizó el propioCastaño en este gráfico, en el que se muestra en el eje vertical izquierdo la evolución de la superficie regada medida en hectáreas, comparada con la extracción de agua para regadío, en el eje vertical derecho. El eje horizontal visualiza el paso del tiempo, permitiendo visualizar que entre los años 1992 y 1994 ambas tendencias se cruzaron.

Captura de pantalla de un gráfico de Silvino Castaño comparando las extracciones de agua y la superficie regada

Captura de pantalla de un gráfico de Silvino Castaño comparando las extracciones de agua y la superficie regada

Esos “bombeos” que describen Castaño, Naredo y Gascó, se deben al uso del agua subterránea para beber, pero, su uso principal siempre fue para regar cultivos. Miles de pozos, muchos de ellos ilegales en la actualidad y, por ello, difíciles de cuantificar, extraen agua para el regadío en La Mancha, manteniendo así la agricultura de la zona.

Como detallan Naredo y Gascó, entre los años 1984 y 1987 se produjo una “aceleración del consumo de agua para el riego” que concretan en una subida desde los 4.273 hm3 de agua consumidos en 1984 a los 4.661 hm3 en 1987, señalando al maíz como uno de los cultivos protagonistas del regadío en La Mancha de las décadas de 1980 y 1990.

Además, estos investigadores también señalan otro problema más, esta vez relacionado con la calidad del suelo. Con el aumento del consumo de agua y el uso de ciertos productos químicos en la agricultura se produce una “salinización” de los suelos que compromete su “fertilidad”, además de la biodiversidad de los propios cultivos y, con ella, de los ecosistemas naturales de la zona.

Captura de pantalla de un gráfico de Silvino Castaño mostrando la evolución del nivel freático en el entorno de las Tablas de Daimiel

Captura de pantalla de un gráfico de Silvino Castaño mostrando la evolución del nivel freático en el entorno de las Tablas de Daimiel

5 de febrero de 1987: Un antes y un después

Como explicaba Silvino Castaño, a partir del año 1987 descendió considerablemente el ritmo de extracción de agua subterránea del acuífero. El mes de febrero de ese año, la Confederación Hidrográfica del Guadiana declaró “sobreexplotado” el acuífero 23. El ritmo de extracción de agua subterránea había llegado a tal punto que puso en peligro a toda la agricultura y el abastecimiento urbano de la zona. A partir de ese momento comenzaron las restricciones más severas.

Noticia sobre la declaración de sobreexplotación en el Acuífero 23 publicada en el diario Lanza

Noticia sobre la declaración de sobreexplotación en el Acuífero 23 publicada en el diario Lanza

Junto a la regulación de los pozos que, por doquier, absorbían agua del acuífero 23, desde el Centro del Agua y los Humedales Manchegos de Daimiel se comenzó a medir el nivel freático del acuífero a partir del año 1988. El nombre de este pozo se debe a que el piezómetro con el que se realizan estas mediciones se sitúa en una de las afloraciones naturales del acuífero conocidas tradicionalmente con ese nombre y que están directamente vinculadas con el territorio del Parque Nacional. Este gráfico muestra los niveles de este pizómetrico. Los datos son del Centro del Agua y los Humedales Manchegos, cedidos por esta institución pública para este reportaje.

Pero el acuífero es mucho más grande que el propio territorio de las Tablas de Daimiel. Las masas de agua que componen el acuífero 23 se extienden hasta las provincias de Albacete y Cuenca. En cada municipio, el nivel freático del acuífero cambia. Con los datos de la Red de Seguimiento e Información Hidrológica del Ministerio para la Transición Ecológica se puede ver en qué épocas y en qué lugares el agua subterránea estaba más profunda en los municipios que forman parte del acuífero 23.

Si no puedes ver correctamente los gráficos del mapa, puedes consultarlos en la siguiente galería:

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Al comparar los niveles máximos y mínimos de cada acuífero, se puede comprobar en qué lugares el agua subterránea está más profunda. En ese sentido, destaca el caso del municipio conquense de La Alberca de Záncara, donde el nivel piezométrico medio entre los años 2009 y 2016 es de -104,51 metros de profundidad. En el extremo opuesto se encuentran municipios como Campo de Criptana. En este caso, su profundidad media, entre los años 1997 y 2016 fue de – 5,07 metros.

Escudriñando estos datos, también se puede comprobar en qué épocas se acumularon los niveles mínimos y máximos del acuífero. Por ejemplo, entre los lustros 1975-1980 y 2015-2020 la mayor concentración de niveles mínimos se dio entre los años 2005 y 2010.

Por otro lado, los niveles más altos se concentran en el lustro siguiente, es decir, entre los años 2010 y 2015. Hay que tener en cuenta que cada piezómetro tiene su propia línea temporal y su propio número de medidas, por lo que es posible que en épocas pasadas no medidas se dieran niveles máximos o mínimos relevantes, como los expresados por Naredo, Gascó y Castaño en sus investigaciones.

Desecando España

El doctor en economía de la Universidad de Castilla-La Mancha, Gregorio López Sanz, dedicó su tesis doctoral a analizar el problema de la sobreexplotación del agua subterránea. En un artículo en el que resume su trabajo, aportó un dato que, aunque es difícil de cuantificar con exactitud, refleja la realidad de una pérdida. “Antaño, La Mancha Húmeda tenía una extensión de 25.000 hectáreas”, apuntaba el profesor albaceteño. ¿Dónde están ahora?

La Mancha Húmeda era un conjunto de humedales y lagunas, muchas de ellas temporales, que existieron por doquier en la llanura de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Un fenómeno común en la Península Ibérica, que estaba llena de humedales, marismas y lagunas. Hoy en día, estos ecosistemas acuáticos gozan de protección legal internacional y se conoce y valora su importancia ecosistémica. Pero hace dos siglos, la concepción de la sociedad hacia estos espacios era radicalmente opuesta.

Si se busca las palabras “desecación”, “saneamiento” o “colonización” en la colección histórica del Boletín Oficial del Estado, se puede encontrar reales decretos, leyes y órdenes ministeriales con el objetivo de destruir lagunas, humedales y marismas y convertir sus terrenos en zonas aptas para construir infraestructuras o ganar hectáreas de cultivo.

Es difícil cuantificar el número exacto de proyectos de desecación de las llamadas “zonas pantanosas”, pero lo que es cierto es que se realizaron por toda España con dos objetivos comunes. El primero de ellos de carácter sanitario, ya que la malaria, o paludismo, causaba estragos en la sociedad. Esta enfermedad se transmite a través de la picadura de los mosquitos, y, como señala el historiador Alberto Celis, en una época con menores medidas sanitarias e higiénicas, esta enfermedad provocaba muchas muertes. Al estar los mosquitos en las “zonas húmedas”, la solución parecía obvia. Acabar con el agua para evitar que los mosquitos pudieran desarrollarse.

El segundo motivo era de carácter económico y social. Los territorios ocupados por marismas, humedales y lagunas son muy fértiles. Era una oportunidad para desarrollar un proyecto agrícola y, de esa manera enriquecer a la sociedad. Sin embargo, la presencia continua del agua en muchos territorios no colonizados imposibilitaba esta manera de desarrollo económico y social. Por eso, las desecaciones se veían como una oportunidad, no sólo para eliminar un “foco de enfermedades”, sino para aumentar las hectáreas para la agricultura y la ganadería y enriquecer así a la población.

Cada laguna, marisma o humedal que ha sufrido la desecación en España tiene una historia. En este StoryMap se puede consultar y conocer algunos proyectos de desecación realizados en España para eliminar esas “zonas insalubres”.

En la actualidad, estos proyectos de desecación serían muy mal vistos, ya que el Ser Humano se ha dado cuenta de la importancia que tiene conservar estos ecosistemas ligados estrechamente al agua. Tras años de proyectos de desecación, los terrenos naturales han perdido peso frente a la ocupación del Ser Humano.

Esa ocupación del suelo se puede medir en España con los datos de la Encuesta de Producciones y Rendimiento de Cultivos. En los dos extremos se sitúan Murcia y Asturias. Mientras que la región mediterránea está ocupada al 60 % por el Ser Humano, la atlántica tiene un 90 % de su territorio lleno de bosques y pastos. La cuenta del conjunto del país deja un ajustado saldo positivo a favor de la naturaleza, concretamente del 54,67 % de superficie forestal y de prados frente a un 44,06 % de cultivos y otros usos humanos.

Así es como ocupamos el suelo en 2017, según la Encuesta de Producciones y Rendimientos de Cultivos.

Por otro lado, atendiendo al uso que hacemos del agua en 2016, según las estadísticas sobre el uso del agua del Instituto Nacional de Estadística, hay tres principales usos: agrícolas y ganaderos, industriales y abastecimiento urbano. Según la comunidad autónoma, estos usos están equilibrados o no. Por ejemplo, en Castilla y León el 95 % del agua se utiliza para el abastecimiento urbano, mientras que en Navarra el 82 % se utiliza para usos agrícolas y ganaderos. La comunidad que más usa el agua para la industria es Castilla-La Mancha, liderando este ránking con un 46%, seguida de Andalucía con un 44% y Extremadura con un 43%.

Si atendemos al origen del agua utilizada, las aguas superficiales son mayoritarias, pero en comunidades autónomas como Castilla-La Mancha, se corrobora que son los acuíferos los mayores suministradores de agua con un 70 %. Por otro lado, en Murcia, el 75% del agua utilizada proviene de “otros recursos hídricos”. Donde más se utiliza el agua superficial es en Aragón con un 89 %.

 

Recuperando Las Tablas

Los proyectos de desecación de lagunas, humedales y marismas desde el siglo XVIII y la expansión del regadío intensivo en la segunda mitad del siglo XX marcaron la historia de estos ecosistemas en España. Las Tablas de Daimiel o Doñana son ejemplos más llamativos al estar ligados a espacios naturales protegidos. No obstante, como apunta Gregorio López Sanz, existen muchos otros espacios que “han muerto y nadie ha llorado por ellos”.

Todo este contexto fue el que marcó la cultura del agua anterior a 1987. Sin embargo, desde que la Confederación Hidrográfica del Guadiana declaró sobrexplotado el acuífero 23, las políticas empezaron a cambiar hacia una nueva cultura del agua, marcada por la legislación europea, en la que se deja de ver este líquido esencial para la vida como un mero recurso económico para empezar a cuidarlo como un bien en sí mismo.

Ese cambio social se ha reflejado en el trabajo que ha hecho la administración en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel y su entorno, presionada por los movimientos sociales. Una de las medidas más importantes fue la compra de terrenos y derechos de agua en la zona de protección del parque. El objetivo de esta medida es, como explica Manuel Carrasco, técnico del Parque Nacional y Biólogo,  “imposibilitar la extracción de agua subterránea en un entorno muy próximo al parque”.

Estas son las hectáreas que ha adquirido el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel entre los años 2000 y 2015. Un total de 116 operaciones de compraventa a distintos propietarios cuyos terrenos se situaban en los términos municipales de Daimiel y Villarrubia de los Ojos. De esta forma, las 2003,51 hectáreas que se han unido al territorio del parque dejan de ejercer presión sobre el acuífero 23.

El efecto de esta compra de terrenos ya ha sido medido por los técnicos del Parque Nacional. La siguiente transparencia, cedida para este reportaje por Carlos Ruiz De la Hermosa, director-conservador del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, lo evidencia claramente. La comparativa en la evolución de la superficie encharcada durante los meses de verano muestra cómo los efectos del calor estival son menores en 2010, cuando ya se había adquirido un total de 1560,5 hectáreas, respecto al mismo periodo en los años 2004 y 1997. El agua ha ganado terreno a la explotación agrícola, concretamente 455 hectáreas más de superficie encharcada durante el verano, al menos en estos tres años comparados.

Efecto de la compra de hectáreas en el entorno del Parque Nacional

Efecto de la compra de hectáreas en el entorno del Parque Nacional
Fuente: Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

Junto a esta compra de terrenos para aumentar el territorio de las Tablas de Daimiel, también se han practicado proyectos de reforestación. Por ejemplo, cada mes de febrero desde hace tres años, la organización Pacifistas de Ciudad Real organiza una jornada de “repoblación por la paz” en colaboración con la Asociación para la Recuperación de los Bosques Autóctonos (ARBA) y Ecologistas en Acción, entre otros colectivos.

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Volviendo al aumento de la superficie encharcada, hay que tener en cuenta que el año 2010 es uno de los más lluviosos que se recuerdan. Ese año, además, finalizó uno de los capítulos más dramáticos vividos en el parque: los segundos incendios de la turba. Estas formaciones geológicas, creadas por la descomposición de materia orgánica, pueden sufrir combustiones espontáneas cuando llegan épocas de sequía y altas temperaturas. Realizando una metáfora, estas formaciones son parecidas a esponjas que, con la ausencia de agua, se llenan de poros, de conductos interiores por los que circula el aire y que, si se dan las condiciones de altas temperaturas y sequedad suficientes, pueden llegar a arder como consecuencia de un “efecto chimenea”, como explica el técnico y biólogo del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, Manuel Carrasco.

El incendio de las turbas en las Tablas de Daimiel

El incendio de las turbas en las Tablas de Daimiel

Para solucionar este problema se planteó una medida que causó mucha polémica: derivar agua desde el trasvase Tajo-Segura. La misma infraestructura que mantiene en conflicto a Castilla-La Mancha con Murcia y la Comunitat Valenciana sirvió para intentar dar solución al problema de las Tablas. Eso sí, con derivaciones a los municipios para abastecer a la población y, por supuesto, llenar el acuífero 23 y seguir manteniendo el ritmo de extracción de agua subterránea para sostener del regadío manchego.

Las Tablas de Daimiel reciben agua del Tajo

Las Tablas de Daimiel reciben agua del Tajo

Ley 13-1987 Trasvase Tajo-Guadiana

Ley 13-1987 Trasvase Tajo-Guadiana

El último trasvase Tajo-Guadiana se realizó en 2009, aunque las lluvias llegaron antes que el agua derivada desde el acueducto al Segura a su paso por el río Gigüela. Esta infografía, extraída del artículo científico de Silvino Castaño, muestra el número de derivaciones y las fechas en las que se realizaron.

Trasvases a las Tablas de Daimiel según infografía de Silvino Castaño

Trasvases a las Tablas de Daimiel según infografía de Silvino Castaño

Además, para retener el agua en el Parque Nacional, se construyeron infraestructuras que pudieran garantizar una superficie mínima encharcada. Así lo afirma Silvino Castaño, aportando la siguiente fotografía en sus investigaciones:

Fotografía presa de retención de agua en las Tablas de Silvino Castaño

Fotografía de Silvino Castaño de la presa de retención de agua en las Tablas de Daimiel

Así contaba el diario Lanza cómo las lluvias estaban logrando, por sí solas, el objetivo planteado con la derivación de agua desde el Tajo hacia el Guadiana:

El agua regresa a las Tablas de Daimiel

El agua regresa a las Tablas de Daimiel

En esa época también se produjo un hecho curioso. Con las intensas lluvias de principios del año 2010, los movimientos del agua subterránea provocaron que se crearan enormes grietas en terrenos próximos a las Tablas de Daimiel.

Agujeros en el entorno de Las Tablas

Agujeros en el entorno de Las Tablas

Estas son las precipitaciones registradas en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, en las que se ve cómo regresan las lluvias tras periodos de escasez:

Al margen de estas medidas, otra de las tareas más destacadas para recuperar el ecosistema de las Tablas ha sido el estudio y cuidado de su biodiversidad. La presencia de agua en la superficie del Parque Nacional está directamente relacionada con la nidificación de las aves. Si hay agua, pararán a descansar en La Mancha Húmeda durante sus largas travesías, ya que, en estos humedales, encuentran la comida y el cobijo necesario para restaurar energía y continuar su viaje. Por eso, las observaciones de ovíparos, entre otras especies de flora y fauna, son vitales para medir la salud del Parque Nacional.

Cuando llueve, hay más vida las Tablas. El acuífero está más lleno y, si la extracción de agua subterránea no lo impide, es posible que el agua vuelva a manar por los ojos manteniendo una superficie encharcada mayor. De esta forma, son posibles los procesos vitales de las diferentes especies de flora y fauna que forman parte del ecosistema. Estos son los censos de algunas especies de aves características de las Tablas de Daimiel cedidos por el Parque Nacional para este reportaje:

Junto a  la adquisición de terrenos para aumentar el área protegida del Parque Nacional y disminuir así las extracciones de agua subterránea, también se ha trabajado intensamente en mejorar la calidad del agua que hay en el parque, protegiendo así a las especies que habitan las Tablas de Daimiel.

En ese sentido, otro bioindicador que da cuenta sobre el buen estado actual de las Tablas de Daimiel es el regreso de unas formaciones vegetales subacuáticas conocidas como ovas. Estas plantas oxigenan el agua y, como explica Manuel Carrasco, sirven de refugio para que los peces puedan reproducirse. No obstante, este equilibrio actual es muy frágil, ya que se ve fácilmente alterado cuando la sequía y la sobreexplotación agrícola se unen.

Las presencia de ovas favorece la biodiversidad en las Tablas de Daimiel

Las presencia de ovas favorece la biodiversidad en las Tablas de Daimiel

Es posible, como ya ha sucedido en otras ocasiones, que la lluvia vuelva a salvar la situación cuando regresen épocas de sequía combinadas con la sobreexplotación. Por ese motivo es inevitable preguntarse si algún día dejaremos de tener tanta suerte, sobre todo, en un contexto de cambio climático. Se han logardo avances para llegar a concienciar en el respeto al agua y los ecosistemas, pero aún queda mucho camino por recorrer. Tan sólo hay que ir hasta el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel para darse cuenta de que el humedal todavía sigue muy acechado.

Campo de cultivo con pívot de riego en la zona de protección que rodea el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

Campo de cultivo con pívot de riego en la zona de protección que rodea el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

Daimielización: ¿Fin de la historia?

Este reportaje multimedia en profundidad de periodismo de datos es el Trabajo de Fin de Máster, fruto del trabajo de investigación, contraste y visualización de datos realizado por David Sánchez Romero de Ávila, estudiante del Máster Universitario en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización durante el curso 2017/2018.

En el repositorio de Git Hub de este reportaje se puede consultar la bibliografía y las bases de datos utilizadas para la redacción de los textos y la elaboración de las infografías. También se han realizado once entrevistas en vídeo a diferentes expertos, técnicos y activistas que se pueden ver en la lista de YouTube generada ad hoc para este trabajo.

Referencias bibliográficas: